110 Años

Una afirmación que se repite con frecuencia es que “las pensiones son bajas porque se calculan asumiendo que las personas viven hasta los 110 años”, la cual , es categóricamente falsa y se basa en el hecho que las tablas de mortalidad se construyen hasta esa edad. Ocurre que una tabla de mortalidad es simplemente una lista de edades, con una probabilidad de muerte asociada a cada edad. Lo relevante de la tabla, para efectos del valor de la pensión, es la probabilidad de muerte asignada a cada edad y, en ningún caso, la edad hasta la que se desarrolla la tabla. Por ejemplo, una tabla de mortalidad desarrollada hasta los 150 años podría significar pensiones mayores que una desarrollada hasta los 95 años, dependiendo de las probabilidades de muerte que se asignan a las edades más tempranas.

Equivocaciones como la mencionada puede conducir a presiones populares que signifiquen calcular pensiones en base a tablas de mortalidad ajenas a la realidad, lo que tiene como consecuencia, rebajas importantes, en el monto de las pensiones, en edades tardías, para personas acogidas a la modalidad de retiro programado. En el caso de las rentas vitalicias, la consecuencia es la insolvencia, en el largo plazo de las compañías de seguro.

Una política de pensiones responsable obliga a utilizar tablas de mortalidad que reflejen, en la forma más real posible, los cambios en las expectativas de vida, lo cual, desde que existe el sistema de capitalización individual, ha sido realizado con rigurosidad por las autoridades. No obstante, siempre es tentador el impulso irresponsable de tener altas pensiones hoy, restando importancia al futuro. La alternativa más extrema que se menciona, en este sentido, es duplicar de inmediato las pensiones, utilizando como fuente de financiamiento lo acumulado por todos los afiliados, y dejando a las generaciones futuras con un problema monumental. Una alternativa tan irresponsable como la mencionada es utilizar tablas de mortalidad falseadas.

La responsabilidad con las generaciones futuras nos obliga a evitar tentaciones populistas, utilizando tablas de mortalidad realistas, para el cálculo de pensiones,  y también a rebatir con energía errores conceptuales divulgados, con malas intenciones o por ignorancia, que afectan la seriedad del debate público.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *